Las islas del Pacífico quieren un mundo sin armas nucleares

Neena Bhandari

SYDNEY (IDN) – Ahora que los conflictos políticos se magnifican en Oriente Medio y el norte de África dentro del espectro de violencia brutal que suponen las organizaciones terroristas como ISIS y la crisis en Ucrania reinicia la Guerra Fría en los Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y Rusia, es imperativo que los estados que tienen armas nucleares y los que no trabajen juntos para la eliminación total de las armas nucleares. El riesgo de usar estas armas de forma deliberada o accidental que acabe en una aniquilación total crece más que nunca.

Australia, Nueva Zelanda y los países de las islas del Pacífico están a la cabeza de los esfuerzos globales para implementar un Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), lo que representa el único compromiso vinculante y multilateral de la meta hacia un desarme completo de los estados con armas nucleares aunque la Novena Conferencia de Revisión del TNP que tuvo lugar del 27 de abril al 22 de mayo y que estuvo compuesta de tres pilares principales (no proliferación, desarme y usos pacíficos de la energía nuclear) reflejó, de forma sobrecogedora, los puntos de vista y los intereses de los estados que tienen armas nucleares y en algunos de sus aliados que dependen de ellos.

Así pues, aunque la Conferencia de Revisión del 2015 fue un paso adelante respecto de la Conferencia de Revisión 2010 sobre el compromiso de los estados con armas nucleares a desarmarse, también supuso un avance en el sentido en el que los estados sin armas nucleares se movieron hacia el desarme firmando el Compromiso Humanitario que presentó Austria. A fecha de 14 de julio, 113 estados han firmado el Compromiso lo que obliga a los signatarios a trabajar para conseguir un nuevo instrumento legalmente vinculante para prohibir y eliminar las armas nucleares por las consecuencias humanitariamente inaceptables que provocan.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de las Islas Marshall (RMI), Tony de Brum, tenía nueve años en marzo de 1954 cuando, al ir de pesca con su abuelo cerca del atolón Likiep, vio cómo “el océano, los peces y el cielo se volvían rojos debido a un intenso golpe de luz que iluminó de repente el cielo de antes del amanecer y provocó una aterradora onda expansiva”. Estaban a más de 300 km del punto de origen y nunca borrará el recuerdo de ese fatídico día.

La RMI fue una importante defensora del desarme nuclear y destacó las consecuencias humanitarias catastróficas del uso de las armas nucleares. Entre 1946 y 1958, las Islas Marshall contuvieron importantes daños y contaminación radiológica de las 67 pruebas de armas nucleares atmosféricas de EE. UU. En un caso emblemático, ha utilizado la historia de su pueblo, que sufrió desplazamientos, muerte y problemas de salud continuados para llevar a los estados que tienen armas nucleares al Tribunal de Justicia Internacional de La Haya.

De Brum dijo a IDN: “Es hora de que los estados sin armas nucleares trabajen juntos para alcanzar un tratado nuevo que prohíba y elimine las armas nucleares. La prueba ha sido convincente, los países con armas nucleares, a pesar de sus obligaciones legales, no están preparados para marcar el camino sino que creen que tienen derechos especiales, cosa que no es así, para basar su propia seguridad en la posesión de armas y amenazas nucleares y, potencialmente, su uso. De esta forma, estos países minan su propia seguridad y la seguridad común de todos los estados y todo el mundo.”

Vanessa Griffen, participante de los primeros movimientos de protesta de la zona del Pacífico contra las pruebas de armas nucleares y la militarización del Pacífico, dice: “ En el Pacífico, hemos vivido de forma conjunta las consecuencias conocidas y desconocidas del uso de armas nucleares, la presión de los estados sin armas nucleares para prohibir las armas nucleares es la única acción sensata, humana y responsable que se puede llevar a cabo. Los estados con armas nucleares deberían considerarse, de forma colectiva, como sin ley y se están saltando las normas internacionales humanitarias.”

El TNP se prorrogó indefinidamente en 1995. Su Artículo VIII incluía la posibilidad de que el Tratado se revisara cada cinco años. El proceso de revisión de cada cinco años se tuvo en cuenta para garantizar que los estados que tienen armas nucleares llevaran a cabo el desarme como cuestión de política pero en los últimos cinco años, los estados con armas nucleares han emprendido costosos programas para modernizar sus arsenales.

Australia no tiene armas nucleares pero suscribe la doctrina de la disuasión nuclear extensa por su alianza con EE. UU., algo que se percibe como clave en cuestión de seguridad nacional australiana. Australia no ha firmado el Compromiso Humanitario. Un portavoz del Departamento Australiano de Asuntos Exteriores y Comercio (DFAT por sus siglas en inglés) dijo a IDN: “Tenemos que crear un ambiente en el que todos los países, incluidos aquellos con armas nucleares y los que entran en sus paraguas nucleares crean que pueden estar más seguros sin armas nucleares.”

Activistas por la paz, la justicia y el medio ambiente, organizaciones basadas en la fe y seculares, expertos científicos y médicos y agencias de las Naciones Unidas han estado pidiendo que las negociaciones empiecen inmediatamente para eliminar las armas nucleares bajo un control internacional estricto y efectivo.

Tim Wright, Director de ICAN en Australia, asistente en la Novena Conferencia de la Revisión en Nueva York dice: “Durante la conferencia de revisión, Australia se ha quedado atrás respecto al desarme ya que mantuvo que el uso de armas nucleares es legítimo y necesario bajo ciertas circunstancias. Este punto de vista es, en mi opinión, profundamente inmoral pero mantengo la esperanza de que, tarde o temprano, el gobierno australiano se una a la corriente internacional y rechace las armas nucleares abiertamente.”

Durante los últimos cinco años, las consecuencias humanitarias de las armas nucleares han sido el área de progreso más activa en la diplomacia del desarme. Nueva Zelanda, como presidente de la Coalición para el Nuevo Programa (CNP), fue principalmente responsable de crear el borrador del Documento de Trabajo 9, que plantea las posibles rutas para que un mecanismo legal implemente las obligaciones para el desarme nucleare en el Artículo VI del CNP.

Uno de los obstáculos principales en la absoluta prohibición y eliminación de las armas nucleares han sido las dos normativas de los estados con armas nucleares: una para sí mismos y otra para los demás. Wareham dice: “Pero uno de los impedimentos menos reconocidos es el papel que desempeñan los aliados de EE. UU., como Australia, que urgen a su mayor aliado, en silencio, a que mantenga su arsenal nuclear mientras muestran una fachada de estar a la cabeza del desarme. Si un aliado cercano de EE. UU. rompiera filas y se negara a la “protección” de las armas nucleares, el impacto sería enorme.”

Unas cuatro décadas después de que el TNP entrara en práctica, se han guardado aproximadamente 1800 armas nucleares en un estado de alerta altamente operativa. Como dice el Profesor Ramesh Thakur, Director del Centro para la No Proliferación y el Desarme de la Escuela Crawford de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Australia: “Quizás, el TNP ha pasado su uso por la fecha y el mundo debe transicionar a una era post-TNP sin poner en peligro el orden nuclear global ya existente y que está firmemente anclada en el TNP. Aunque las obligaciones de no proliferación sean vinculantes, verificables y aplicables, las obligaciones de desarme no lo son.” [IDN-InDepthNews – 22 de julio de 2015]