Los supervivientes sueñan con un mundo libre de armas nucleares

Por Neena Bhandari*

SYDNEY (IDN) - Sue Coleman-Haseldine, una mujer indígena Kokatha-Mula, tenía unos tres años cuando el Reino Unido comenzó a realizar ensayos nucleares en las islas Monte Bello, frente a la costa occidental australiana, y en Emu Field y Maralinga en el sur de Australia.

Los doce ensayos más importantes, realizados entre 1952 y 1963, contaminaron un área enorme, incluyendo Koonibba, el lugar donde vivía la familia de Sue y toda su comunidad.

"Había personas aborígenes que vivían en la región cuando los ensayos comenzaron. En las zonas próximas a los lugares de los ensayos, muchas personas murieron o enfermaron. La primera bomba atómica llamada 'Totem 1' se propagó por todas partes y hay historias sobre "la niebla negra” que mató, cegó y enfermó gravemente a la gente", cuenta Sue, que recuerda los ancianos en la comunidad que le hablaban de la vida anterior a los ensayos, cuando subsistían de cazar animales silvestres y recoger frutos de los arbusto.

"Las personas mayores en nuestra comunidad hablaban de las tormentas de polvo en Nullarbor, pero eran lluvias radioactivas causadas por los ensayos en Maralinga. No estábamos en la ‘zona cero’ pero el polvo no se quedaba quieto en un solo lugar, se iba adonde fuera que lo llevara el viento. Y la gente se moría de cáncer, algo nuevo para nosotros ", recuerda Sue, quien se enteró de la lluvia radiactiva mientras asistía a una reunión de la Alianza Australiana Libre de Armas Nucleares (ANFA).

Los aborígenes formaron el ANFA, anteriormente la Alianza contra el Uranio, en 1997. Luego se sumaron algunas organizaciones no gubernamentales preocupadas por el desarrollo nuclear en Australia, existente o planificado, sobre todo en tierras indígenas.

Para los aborígenes, la tierra es la base de su cultura. Sue se quedó desolada al enterarse de que las plantas comestibles estaban muy probablemente contaminados. "Son nuestro supermercado para la alimentación y nuestra farmacia por medicamentos, y cuidarlas es nuestra religión. No importa si usted es aborigen o no, todo el mundo en esta parte del país tiene alguna triste historia acerca de la enfermedad y la muerte prematura de algún familiar. El cáncer es la enfermedad más expandida, pero también es común que las personas sufran de trastornos de la tiroides ", dijo Sue a IDN.

Los problemas de fertilidad, la mortalidad fetal y los defectos de nacimiento se hicieron muy comunes cuando los ensayos, pero incluso hoy en día la gente como Sue se pregunta si sus problemas de salud están relacionados con la radiación constante en la zona o a cambios genéticos transmitidos a través de las generaciones. Ella quiere que las armas nucleares sean prohibidas permanentemente y que el uranio necesario para crearlas,  se quede en la tierra.

El año pasado, gobiernos, organismos de las Naciones Unidas y miembros de la sociedad civil se reunieron en Oslo (Noruega) para la primera Conferencia sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares. A esto le siguió en febrero 2014, un evento del Gobierno Mexicano que reunió a 146 países para aportar datos empíricos. En octubre de 2014, 155 de los 193 gobiernos de los estados miembros, apoyaron la Declaración Conjunta sobre las consecuencias humanitarias de las armas nucleares que se presentó ante la Asamblea General de la ONU. La Tercera Conferencia sobre el impacto humanitario de las Armas Nucleares, celebrada en Viena (Austria) el 8 y 9 diciembre, escuchó el testimonio demoledor de Sue.

El impulso para iniciar negociaciones sobre un tratado internacional vinculante para prohibir y eliminar las armas nucleares se ha multiplicado, según los observadores, y ha habido renovados esfuerzos a escala mundial especialmente para aumentar la sensibilización acerca de las consecuencias humanitarias de las armas nucleares, y para asegurar que nunca se vuelvan a usar.

Hoy en día, siguen existiendo unas 17.000 cabezas nucleares, a pesar de la significativa disminución de los arsenales de los Estados Unidos y las ojivas nucleares de Rusia desde el fin de la Guerra Fría.

El director de ICAN Australia (la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares), Tim Wright, dijo que "es hora de que Australia se una a la inmensa mayoría de los países que se han empeñado en apoyar un tratado que prohíba las armas nucleares."

ICAN Australia ha creado un video de Youtube, “No quiero tu paraguas nuclear", para llevar a todos los "estados paraguas" el mensaje de que dejen de tolerar la bomba y rechacen las armas nucleares en su política de defensa. El video ha atraído a casi 16000 visitas. "Queríamos abrir un debate sobre la disuasión nuclear de una manera cómica y accesible, especialmente para los jóvenes que no han experimentado la guerra fría," dijo a IDN Gem Romuld, Coordinadora de Difusión en ICAN Australia.

El ochenta por ciento de los australianos está a favor de un Tratado de Prohibición de las armas nucleares
Una encuesta reciente de la Cruz Roja ha revelado que 8 de cada 10 australianos apoyan un tratado jurídicamente vinculante para prohibir el uso de armas nucleares. Hasta un 88 por ciento dijo que no habría ganadores en una guerra nuclear dadas las consecuencias humanitarias devastadoras.

Desde que se utilizaron por primera vez en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, el Movimiento de la Media Luna Roja y la Cruz Roja Internacional han expresado de manera sistemática sus profundas preocupaciones humanitarias acerca de las armas nucleares.

Las consecuencias humanitarias de las armas nucleares no tienen límites de espacio y tiempo. La radiación afecta a la salud, a la agricultura y a los recursos naturales de una zona muy amplia y a lo largo de muchas generaciones.

Rosemary Lester, quien nació en Adelaide (Australia del Sur) en 1970, recuerda que un día su padre, que estaba en cama enfermo, estaba escuchando en la radio a Sir Ernest Titterton (físico nuclear) en una entrevistado de la ABC (Australian Broadcasting Corporation) sobre Maralinga.

Rosemary, que es Directora del Consejo de Administración de los Recursos Naturales de Alinytjara Wilurara (Noroeste), dijo a IDN: "Recuerdo que oí mi padre maldecir en voz alta. Entré en la habitación y le pregunté qué le pasaba. Dijo que era algo que había sucedido hace mucho tiempo antes de que yo naciera, cuando él era un niño. Fue la primera vez que escuché de las pruebas atómicas de Maralinga".

Rosemary ha experimentado en primera persona el sufrimiento de su padre, sus dos abuelos y otros miembros de la familia que han padecido enfermedades como consecuencia de las pruebas nucleares. A ella misma se le diagnosticó en 2005, una enfermedad autoinmune poco común llamada esclerodermia.

"En aquel entonces no había conciencia sobre los daños al medio ambiente de la minería de uranio y tampoco para qué se estaba utilizando. Ahora entiendo por qué mi padre y mis abuelos se convirtieron en grandes paladines y sintieron la necesidad de protestar activamente, hablar, educar y abogar en contra de la industria nuclear y proteger a  "nganampa nguru" (nuestro país)." Rosemary quiere grabar las historias orales de aquellos tiempos, en inglés y en la lengua Pitjantjatjara / Yankunytjatjara, para que sean accesibles a las futuras generaciones.

En 1984, en respuesta a la creciente preocupación de la comunidad con respecto a las medidas para proteger a las personas de la exposición a la radiación, y para la eliminación de sustancias radiactivas y materiales tóxicos, el Gobierno de Australia estableció la Comisión Real Maralinga para examinar las pruebas nucleares.

"Los archivos secretos no han estado accesibles hasta el año 2003, 50 años después de los ensayos atómicos. Es bien sabido que el plutonio 239 permanece en esa región. El veneno está en el suelo, el polvo viaja en todas las direcciones y las personas lo están respirando. Incluso las plantas comestibles está contaminadas", dice Rosemary, quien está consternado por el hecho de que algunas personas están diciendo que a pesar de la contaminación, la zona es segura y quieren promover el turismo.

La responsabilidad de la limpieza del antiguo polígono de ensayos recae en el Gobierno Federal. Allan Parkinson, ingeniero nuclear y antiguo supervisor del Gobierno por la limpieza de Maralinga, dijo a la ABC que la contaminación sigue siendo generalizada.

"Hay más de 100 kilómetros cuadrados que todavía está contaminada por encima de los criterios de seguridad. . . Se trata de plutonio 239 y en 24.000 años la mitad de ello seguirá allí", dijo en junio de 2014.
Asumir la responsabilidad

Rosemary quiere que las autoridades asuman la responsabilidad de las graves consecuencias de la herencia de los ensayos nucleares. "Muchas personas murieron de inmediato, pero otras están viviendo con problemas de salud crónicos, cáncer y discapacidad, por no hablar de la depresión, las dolorosas pérdidas y el trauma sufrido mentalmente, el daño psicológico y social de ver la vida de nuestros seres queridos disminuida. Eso ha erosionado nuestra cultura y marginado aún más a nuestro pueblo ", dijo.

Los defensores de la abolición nuclear quieren que los gobiernos reconozcan su papel en este desastre y que detengan la extracción de uranio. En una reunión reciente del ANFA se supo que alrededor de 40.000 cohetes cargados de uranio empobrecido han sido desplegados en ejercicios de entrenamiento militar de Australia, y se reconoció el impacto en la salud de diversas generaciones tanto de las pruebas nucleares como del uso documentado de proyectiles de uranio empobrecido.

"El Gobierno debe proporcionar fondos para la investigación sobre el daño ambiental a la zona atómica y el área de lluvia radioactiva; pedir disculpas a los Pueblos de las Primeras Naciones (aborígenes); compensar a las personas que se ven afectadas; y revisar el fideicomiso para ayudar a aquellos que están enfermos ", dijo Rosemary a IDN.

El Fideicomiso de Maralinga fue creado para la gestión de los fondos de compensación concedidas por el Gobierno de Australia a los Propietarios Tradicionales del país Maralinga y Spinifex como resultado de la pérdida de acceso a tierras debido a los ensayos nucleares.

Varios observadores opinan que la Conferencia de Viena ha dado un nuevo impulso a la lucha de los sobrevivientes para la justicia y un futuro libre de armas nucleares.

*Neena Bhandari es la corresponsal de IPS (Inter Press Service) en Sydney, de IDN-InDepthNews y otras publicaciones internacionales y nacionales. [IDN-InDepthNews - 9 diciembre 2014]

Artículos anteriores de la autora en IDN:
http://www.indepthnews.info/index.php/search?searchword=Neena%20Bhandari&ordering=newest&searchphrase=all

Foto: superviviente de ensayos nucleares, Sue Coleman-Haseldine | Crédito: Jessie Boylan